Monumento a Washington en el “National Mall”, Washington, D.C.La puerta de entrada, el aeropuerto Dulles, se parece a cualquier otra terminal aérea de estas tierras, incluso es menos amenazador que los gigantescos O’Hare en Chicago o J.F.K. en Nueva York. Mi imaginación prejuiciosa esperaba legiones apostadas en cada sala de espera y grandes arcos del triunfo en los rincones más oscuros, a la manera de la antigua Roma. Para mi decepción, a las dos de la mañana, no había sino algunos empleados desvelados y pantallas planas anunciando la llegada de los últimos vuelos.
Cementerio Nacional de Arlington, Arlington, VirginiaUnas horas más tarde mis expectativas casi se vieron satisfechas cuando visitamos la zona monumental. La primera parada fue en el cementerio de Arlington, en donde yacen los restos de leales combatientes. Una tras otra, las lápidas blancas me dan la sensación de estar ante un ejército fantasma. Este es, quizá, el mayor monumento a la tiranía estadounidense pero estando aquí no puedo pensar en resentimientos, la imagen es tan lacónica y triste que sólo me uno al lamento colectivo por estas vidas perdidas. En silencio, presiento, más de uno se hace la misma pregunta que yo, ¿valió la pena su muerte? Pero sólo en silencio la gente es capaz de formular tal interrogante pues cuestionar el “sacrificio” de un soldado en este país es uno de los grandes tabúes. En algún lugar entre los campos verdes interminables y las calles sinuosas he dejado un bulto lleno de antipatías y ahora creo entender un poco mejor a este pueblo que no deja de sorprenderme.
“Jefferson Memorial” (con helicóptero) , Washington, D.C. La visita continúa en el llamado “National Mall”, un inmenso espacio al aire libre en el centro de la ciudad. A su alrededor se encuentran numerosos museos faraónicos, las sedes del gobierno federal y varias estructuras cuya finalidad es recordar a los pilares de esta nación. En las paredes de los monumentos se pueden leer discursos emocionados de, entre otros, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt o Thomas Jefferson. Sus palabras a veces me suenan a sarcasmos, como cuando Jefferson afirma “He jurado sobre el altar de Dios hostilidad eterna contra cualquier forma de tiranía sobre la mente del hombre” [I have sworn upon the altar of God eternal hostility against every form of tyranny over the mind of man]. Me pregunto si desde la fundación de este país sus líderes usaban frases elocuentes en el estrado y hacían todo lo contrario a nivel del piso, como ahora, o si alguna vez estas exposiciones correspondieron con la realidad.
Estatua de Abraham Lincoln, “Lincoln Memorial”, Washington, D.C.Desde cualquier lugar en esta zona se alcanza a ver el monumento a Washington, el edificio más alto de la ciudad y quizá uno de los símbolos más reconocibles de la misma. Al norte del gran falo veo la famosa Casa Blanca, protegida por una reja negra y decenas de policías y agentes del servicio secreto. Al este se encuentra el Capitolio y al oeste la gran piscina rectangular. Pararse en el centro da una sensación de grandeza, ese sentimiento único que te invade cuando estás en medio de las grandes plazas del mundo.
Fachada sur de la Casa Blanca, Washington, D.C.