En la espera

jueves, noviembre 20, 2008

Sobre el arte de esperar

Cuando se vive la vida esperando a veces resulta que lo que uno espera llega -y se va- sin darnos cuenta. La espera la mayoría de las veces es egoísta, ciega y demasiado exigente.

Así pues, sin más, el autor de este espacio declara su enemistad con la espera, por ahora.

Gracias a los visitantes de este blog por sus comentarios, su tiempo y su paciencia.

Hasta pronto,
Óscar

martes, julio 08, 2008

Esperando

Este blogger perezoso está esperando a que vuelva la inspiración. Así que, por si meses de inactividad no fueran pistas suficientes, anunciamos el cierre temporal de este changarro.

¡A disfrutar el verano!

viernes, febrero 29, 2008

Aire preso

De repente te metes en una burbuja
dejas de contar los días,
disminuyes tus lecturas mañaneras.
Te recluyes en la rutina laboral
o en un grupo de libros de grosor fantoche.
Dejas de mandar mensajes,
dejas de escribir cartas,
dejas de escribir.
Y piensas en lo mucho que piensas sin pensar
y en lo poco que has pensado últimamente.

Entonces la burbuja se revienta
o la revientan
o la revientas
o ya no alcanza para el jabón.

Descubres entonces nuevas bombas,
nuevos muertos,
viejas monsergas.
Extrañas a un amigo,
orinas dos o tres veces por la noche
y te acuestas temprano,
esperando,
esperando.

lunes, enero 21, 2008

Clases de moral I - El instinto antes que la razón

Mientras los televisores de todo Wisconsin sintonizaban la desgracia estatal de este fin de semana, Steven Pinker, un loquero canadiense bastante reconocido, se atravesó en mi regata electrónica dominical y así, sin más, me empezó a exponer su posición con respecto a una moral instintiva. Para él existe una especie de moral universal en los seres humanos. Para llegar a esta conclusión Pinker utiliza algunos ejemplos planteados por otro loquero reconocido, Jonathan Haidt (para quien el raciocinio es sólo un intento por justificar nuestras acciones de tipo moral -y no al revés-):

Caso 1. Ana (Julie en el artículo original) está viajando por Francia durante sus vacaciones de verano de la universidad junto con su hermano Carlos (Mark en el original). Una noche deciden que sería interesante y divertido si intentan hacer el amor. Ana ya estaba tomando píldoras de control de natalidad, pero de cualquier forma Carlos usa condón, sólo para estar seguros. Ambos disfrutan de la relación sexual, pero deciden no hacerlo de nuevo. Guardan aquella noche como un secreto especial que les hace sentirse más cerca entre ellos. ¿Qué piensas de esta situación? ¿Está bien que hayan hecho el amor?

Caso 2. Una mujer decide limpiar su closet y ahí encuentra su antigua bandera nacional. Ya no quiere tener la bandera y decide recortarla en pedazos y utiliza los trapos para limpiar el baño.

Caso 3. El perro de la familia es asesinado por un coche enfrente de la casa. La familia se entera de que la carne de perro es muy sabrosa, por lo que deciden rebanar al perro y cenárselo.

La mayoría de la gente rechaza (en mayor o menor grado) estos actos. Sin embargo cuando se les pide explicar la razón, no les resulta fácil. Por ejemplo, según el artículo, en el caso de Ana y Carlos, la gente habla de la posibilidad de hijos con defectos de nacimiento, pero se les recuerda que tomaron medidas anticonceptivas. Dicen que los hermanos pueden lastimarse emocionalmente, sin embargo en la historia es claro que no es así. Mencionan que el acto ofendería a la comunidad (o a su familia), se les recuerda entonces que éste se mantiene en secreto y nadie más se entera. Alguna gente al final admite: “no sé, no puedo explicarlo pero está mal”. A partir de situaciones como éstas, los investigadores concluyen: “La gente no acostumbra practicar el razonamiento moral sino la racionalización moral: comienzan con la conclusión, impulsada por una emoción inconsciente, y luego trabaja hacia atrás buscando una justificación plausible.”

Hasta aquí no me encuentro con ninguna sorpresa, después de todo no hay nada más ridículo e irracional que la lógica de los férreos defensores de la moral. Lo interesante es entonces, ¿de dónde surge esta moral universal? ¿Cómo puede ser universal si existen tantas contradicciones en la definición de “lo moral”? ¿Qué nos hace diferentes cuando emitimos este tipo de juicios? ¿Qué moral universal comparten una dominatrix berlinesa con un sacerdote mormón en Salt Lake City?

jueves, enero 10, 2008

Washington, D.C. II – Linterna Verde

Imagen de Linterna Verde, en Green Lantern, Washington, D.C.

Me gustan tus pectorales,
tan abiertos,
tan hinchados.

Me gusta tu paquete,
tan lleno,
tan completo.

Juego en mis sueños
de oscuros naturales
a perseguir tu boca,
tu cabello ondulado,
sin alcanzarlos.

Me gustan tus puños,
cerrados.

En este callejón,
en esta víspera,
entre construcciones alineadas,
te descubro en un rincón
con tus mallas,
tu antifaz.

Me caen bien tus admiradores,
me agrada tu templo,
me gustas tú.

En Green Lantern

miércoles, enero 09, 2008

Washington, D.C. I – Los monumentos

Monumento a Washington en el “National Mall”, Washington, D.C.

La puerta de entrada, el aeropuerto Dulles, se parece a cualquier otra terminal aérea de estas tierras, incluso es menos amenazador que los gigantescos O’Hare en Chicago o J.F.K. en Nueva York. Mi imaginación prejuiciosa esperaba legiones apostadas en cada sala de espera y grandes arcos del triunfo en los rincones más oscuros, a la manera de la antigua Roma. Para mi decepción, a las dos de la mañana, no había sino algunos empleados desvelados y pantallas planas anunciando la llegada de los últimos vuelos.

Cementerio Nacional de Arlington, Arlington, Virginia

Unas horas más tarde mis expectativas casi se vieron satisfechas cuando visitamos la zona monumental. La primera parada fue en el cementerio de Arlington, en donde yacen los restos de leales combatientes. Una tras otra, las lápidas blancas me dan la sensación de estar ante un ejército fantasma. Este es, quizá, el mayor monumento a la tiranía estadounidense pero estando aquí no puedo pensar en resentimientos, la imagen es tan lacónica y triste que sólo me uno al lamento colectivo por estas vidas perdidas. En silencio, presiento, más de uno se hace la misma pregunta que yo, ¿valió la pena su muerte? Pero sólo en silencio la gente es capaz de formular tal interrogante pues cuestionar el “sacrificio” de un soldado en este país es uno de los grandes tabúes. En algún lugar entre los campos verdes interminables y las calles sinuosas he dejado un bulto lleno de antipatías y ahora creo entender un poco mejor a este pueblo que no deja de sorprenderme.

“Jefferson Memorial” (con helicóptero) , Washington, D.C.

La visita continúa en el llamado “National Mall”, un inmenso espacio al aire libre en el centro de la ciudad. A su alrededor se encuentran numerosos museos faraónicos, las sedes del gobierno federal y varias estructuras cuya finalidad es recordar a los pilares de esta nación. En las paredes de los monumentos se pueden leer discursos emocionados de, entre otros, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt o Thomas Jefferson. Sus palabras a veces me suenan a sarcasmos, como cuando Jefferson afirma “He jurado sobre el altar de Dios hostilidad eterna contra cualquier forma de tiranía sobre la mente del hombre” [I have sworn upon the altar of God eternal hostility against every form of tyranny over the mind of man]. Me pregunto si desde la fundación de este país sus líderes usaban frases elocuentes en el estrado y hacían todo lo contrario a nivel del piso, como ahora, o si alguna vez estas exposiciones correspondieron con la realidad.

Estatua de Abraham Lincoln, “Lincoln Memorial”, Washington, D.C.

Desde cualquier lugar en esta zona se alcanza a ver el monumento a Washington, el edificio más alto de la ciudad y quizá uno de los símbolos más reconocibles de la misma. Al norte del gran falo veo la famosa Casa Blanca, protegida por una reja negra y decenas de policías y agentes del servicio secreto. Al este se encuentra el Capitolio y al oeste la gran piscina rectangular. Pararse en el centro da una sensación de grandeza, ese sentimiento único que te invade cuando estás en medio de las grandes plazas del mundo.

Fachada sur de la Casa Blanca, Washington, D.C.

martes, enero 08, 2008

2008



Cuenta tu historia año viejo
sin lágrimas ni suspiros fantoches,
como en las instrucciones para usar
una lavadora de doce ciclos.

Cuenta tu historia año viejo
en diez segundos,
últimos,
para acordarme de ti.

En la medianoche
de la costa este
he pedido un reloj digital
para mover las horas a mi gusto
y nunca más perder un instante.

Un beso
una docena de uvas secas
mil cabellos menos
un año más.

martes, diciembre 11, 2007

El abominable hombre de las nieves

No, no se trata de ningún vendedor de paletas con gesto de pocos amigos. Tampoco es ningún eslabón perdido viviendo en el Himalaya. ¿Se trata acaso de algún juego de mi imaginación?

Hoy muy temprano, cumpliendo con toda la parafernalia propia de la temporada invernal, trataba de caminar sobre un suelo por demás resbaladizo mientras mi rostro se arrugaba al compás del hielo crujiente y de los chasquidos acuosos de la nieve indecisa entre ser un charco tornasol o un raspado de tamarindo. Al llegar a mi destino, mi frente se quejaba con amargura por las rugosidades torturándola y la bilis casi se derrama por cada hueco de mi organismo. Entonces, con tristeza y cierta resignación, noté que me había convertido en mi peor pesadilla.

sábado, diciembre 08, 2007

Espera decembrina

Dicen las historias coloradas, que había una vez un duende friolento, bastante malhumorado, que no podía comer sino avellanas. Los gustos de este personaje no pudieron prosperar en un mundo dominado por los cacahuates, como el lector puede imaginar.

El duende, las avellanas, las historias y el malhumor se encontraron en el camino con un filósofo alemán. El duende se perdió en la indefinición estética, las avellanas no pudieron soportar su objetividad y las historias se quedaron calladas, viendo perplejas, el espectáculo insolente del malhumor.

Y así, la nieve siguió cayendo y en Madison, no pasa nada.

jueves, noviembre 01, 2007

La muerte de Halloween

Ayer desperté con una fecha límite para un proyecto escolar sobre mis hombros y todo el día estuve tan ocupado que olvidé casi por completo algo que al ver por la tarde una palangana llena de dulces preparada por Jim recordé: era Halloween. Pese a los preparativos, las hordas de trick-or-treaters nunca llegaron a la casa, es más, ni uno solo se dignó aparecer ante la desilusión del artífice de la palangana endulzada.

Entonces traté de recordar si a lo largo del día vi señales de alarma anunciando la llegada del gran acontecimiento, del día más tenebroso del año gringo (quizá con la excepción de San Valentín). No pude recordar ninguna. Si bien algunas casas presumen decoraciones alusivas desde hace semanas, las tiendas ofrecen objetos relacionados inimaginables desde hace más de un mes y apenas el sábado pasado las fiestas de disfraces abundaron en la ciudad, ayer, el día marcado, no hubo recordatorios suficientes sobre dicha celebración, vaya, ni los niños enmascarados fueron visibles en las calles salvo en las colonias con más presencia “latina”.

Sí en cambio recuerdo una nota en El Universal reproduciendo la postura de la Arquidiócesis de México en contra del Halloween, llamando a la desobediencia civil frente a las campañas mercadotécnicas y las calabazas perforadas.

Comparando estas dos posturas, ¿no seremos en México los encargados de salvar esta tradición anaranjada? ¿Será parte de nuestra misión cultural proteger festividades que nos resultan difíciles de deletrear? Si así fuera, la jerarquía católica mexicana sería uno de los responsables por la muerte de esta horrorosa costumbre, ¡arrepiéntanse sacerdotes pecadores! ¡Mexicanos, salgan a la calle a pedir calaverita, trick-or-trick o halloween! Quizá en unos años será demasiado tarde.

lunes, octubre 29, 2007

Don Diablo

Han pasado varios días desde aquella noche cuando, aprovechándose del etanol en mis venas, un alma descarriada sin compasión puso ante mis ojos imágenes que vuelven una y otra vez como parte de mis pesadillas más aterradoras desde entonces. Por más que he intentado no he podido exorcizar esas mallas de lycra color rojo luego intercambiándose por unas blancas, todo acompañado por una tonada pegajosa en un video que de seguro es ilegal en más de un país.

Como una buena manera de empezar esta semana de fantasmas, muertos e iconografía de ultratumba, además de hacer uso de la función terapéutica de este espacio, he decidido aplicar el remedio más efectivo en estas ocasiones: compartir la desventura.



Un poco para balancear el poder perturbador del video anterior, te dejo con otra versión un poco menos transgresora, o un poco más, depende de cómo se vea.

Feliz inicio de semana.

miércoles, octubre 17, 2007

Cholollan III – La ciudad sagrada

Camino por la calle 14, la que une a San Andrés y a San Pedro, dos de las tres Cholulas. A mi derecha se desdobla un campo chaparro con algunas casas al fondo; surcos polvorientos recuerdan una milpa reciente o próxima, según se quiera ver. A mi izquierda un sanatorio con rejas en las ventanas se levanta en las faldas de un cerro-pirámide coronado con una capilla color amarillo cobrizo.

Autos vienen y van sobre esta vena empedrada. Sigo mi recorrido y me topo con una barda que presume su verdad: “Bienvenidos a San Pedro Cholula, la ciudad habitada más antigua del continente”, entonces me siento abrumado por pisar estos caminos ancestrales e imagino historias de dudosa verosimilitud: un extremeño con cabello y ojos oscuros escondido tras una armadura oxidada sosteniendo la mirada de un guerrero enemigo, ansiando un espacio común y solitario; un sacerdote luchando contra el deseo por el cuerpo viril de su amante tlaxcalteca, ahora tan ajeno; miradas amorosas de caballeros andantes cruzándose; los sudores de unos y otros, tan cerca que se pueden oler, tan cerca que se quisieran volver uno.

La 14 cambia de nombre y el panorama también. Ahora veo antiguas casonas convertidas en tiendas de artesanías o restaurantes. Llego a la plaza principal, con su quiosco recién pintado y sus iglesias llenas de cúpulas. La feria está a punto de desembarcar, así me lo indican artefactos metálicos amontonados en una esquina.

Desde una silla de madera, frente al mito sangriento, a un grupo de adolescentes portando faldas cuadriculadas y a un olor que me es imposible identificar, me arrodillo, me arranco los dientes y me tomo un café americano. Me pongo de pie y quisiera inventar una historia, sin éxito. ¿Qué puede hacer una gota de agua potable en un mar?

martes, octubre 16, 2007

Cholollan II – La matanza

La matanza de Cholula. Fuente.

Cuentan los libros, con sus páginas tornasoles, la historia de una gran desgracia.

Corrían los tiempos del fin del mundo, con sus bestias demoníacas y sus jinetes de piel luminosa e imbatible. El cielo se oscurecía poco a poco, trayendo las sombras a los unos y la prosperidad dorada a los otros. En la ciudad sagrada los augurios no eran nada alentadores: ahora sí, regresó el Dios y según se puede notar viene bien encabronado.

Quizá en ningún otro lugar se vivían estos días con tanto temor como en Cholula; siempre protegida por su carácter espiritual, ahora esta metrópoli estaba como ninguna otra a la merced de la voluntad divina enfurecida.

Los sacerdotes, según dictaban las costumbres, quisieron calmar la furia con un banquete, pero la furia esta vez no se dejó apaciguar. Llegaron los hombres de piel cana, las fieras apocalípticas y los vecinos consumidos por el sentimiento de venganza. Con su llegada la sangre se derramó como nunca antes, dejando en las piedras, siempre memoriosas, tonos rojizos para la eternidad. Los unos hablan de la crueldad etérea, los otros de la estrategia militar. Lo cierto es que los fantasmas de Cholollan vagan todavía por sus calles adoquinadas, llorando su desdicha.


Brazos y piernas en las faldas de la gran pirámide. Fuente.

lunes, octubre 15, 2007

Cholollan I - La gran pirámide

Muda y desierta
ahora te ves, pirámide. ¡Más vale
que semanas de siglos yazcas yerma,
y la superstición a quien serviste
en el abismo del infierno duerma!
A nuestros nietos últimos, empero,
sé lección saludable; y hoy al hombre
que ciego en su saber fútil y vano
al cielo, cual Titán, truena orgulloso,
sé ejemplo ignominioso
de la demencia y del furor humano.

Fragmento de “En el Teocalli de Cholula”, José María Heredia


La pirámide muda y desierta


Abismo del infierno


Superstición yaciendo yerma por semanas de siglos


Ejemplo ignominioso de la demencia y del furor humano

viernes, septiembre 21, 2007

La ciudad de las montañas I

Llegué por primera vez a Monterrey en un avión de Aviacsa, era el inicio de la primavera de hace cinco años, Nuevo León era gobernado por un abogado-empresario poseedor de un apellido francés y de unas cejas aún más rimbombantes. El cerro de la silla me impresionó mucho más de lo que había anticipado, quizá por su cercanía al área urbana y el calor no me pareció tan molesto como me habían advertido. En esta ciudad del norte las calles no tenían hoyos y no era tan fácil extorsionar a los policías.

Llegué por segunda vez a Monterrey en un avión de Aviacsa, en pleno verano, cuando el sol se portó un poco menos educado, mi frente recibió sudor por mayoreo y noté el verde de los taxis.

Llegué por tercera vez a Monterrey en un autobús Ejecutivo con una botella de plástico vacía en la mano. Esta vez me quedaría por algún tiempo. Caminé bajo la luz insolente en busca de un teléfono público que usaría como salvavidas para encontrar un refugio efectivo. Por fin el destino me enseñó una sonrisa y despanzurré mi maleta en un ropero de un segundo piso, sobre el cuarto de una regiomontana cuarentona, prófuga del matrimonio y con unos kilos de más.

Entonces el sueño regio comenzó y creo que todavía no despierto.