Recordando a Carl Sagan
Eran esos años cuando las respuestas no llegan y se duda de la duda. Yo sudaba en las calles de Mérida, caminándolas hasta agotarlas. Tan llenas de olor a papadzul cuando había suerte o de un hedor insoportable cuando la suerte se escondía. Tiempos de olimpiadas con bombas y de ensayos nucleares con sabor a crêpe; pero nada de eso importaba en aquel oasis yucateco sin televisión, internet ni curiosidad por el acontecer mundial.
Y llegaron las estrellas.
De repente ahí estaba yo, levantándome a las tres de la mañana, esperando una lluvia de estrellas. Caminando por las banquetas de Mérida mirando al cielo. Descubriendo nuevas galaxias o al menos imaginando descubrirlas, buscando respuestas a preguntas de adolescente ahí donde los antiguos mayas las encontraron. Ansioso esperaba cada entrega de la serie Cosmos, el método seleccionado por la maestra de Cosmografía para satisfacer las exigencias del plan de estudios. ¿En dónde, salvo en la tierra de los famosos astrónomos, se incluye Cosmografía como asignatura de preparatoria?
En esos días la bóveda celeste me parecía más cercana que el Paseo Montejo, a dos camiones y una hora de distancia.
Hoy, ese mundo de supernovas y hoyos negros parece un poco más lejano.
Ayer se cumplieron diez años de la muerte de Carl Sagan, ese hombre que nos acercó el universo, quien nos hizo soñar con el infinito.








2 comentarios:
Muy bellas palabras. He incluido un enlace a tu post en el mio (http://www.equalium.net).
Un saludo.
Carlos.
Me encantaba Carl Sagan. Crecí viendo Cosmos sin entender nada, sólo me fascinaba saber cosas del universo con 4 o 5 años. Muchos años más tarde he vuelto a ver toda la serie y realmente me volvió a fascinar...
Un saludo
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